Así es, Joan María, dentro de quinientos años, nuestros herederos en este mundo es muy posible que nos vean con el mismo asombro con el que nosotros miramos a todos aquellos hombres tan cultos de las Grecia y Roma Clásicas, que legislaban con todo lujo de detalles la esclavitud. “Era un derecho que les pertenecía” aseguraban. El derecho a tener esclavos, nada menos. Cuando analizamos el pasado, nada nos inquieta tanto como la normal aceptación en aquellas épocas de lo que hoy percibimos como el mal. Ayer, el derecho a tener esclavos, mañana, quién sabe, el crimen disfrazado de “derecho a elegir”
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Resulta muy complejo para un político en activo hablar a “calzón quitao” de un tema tan espinoso como el aborto. Es de esas cosas que poco pueden reportarte en tu actividad política diaria, si exceptuamos que mañana más de uno me llame radical, dude de mi moderación, me llame ultraespañolista neoliberal y todos esos clichés que tanto se usan en política.
No es un tema que siempre me haya inquietado tanto como ahora a lo largo de mi vida. No sé si tiene que ver el hecho de haber sido padre; supongo que sí. Lo cierto es que he decidido dar un paso al frente para denunciar, desde mi modesta posición de influencia, lo que considero la mayor aberración de nuestro tiempo: el asesinato de miles de bebés inocentes. Me importa un pimiento lo que puedan decir de mi.
En el difícil equilibrio entre principios morales y consenso ciudadano, estoy dispuesto a aceptar los tres supuestos del aborto. Eso sí, siempre y cuando se cumplan a rajatabla y no se usen como excusa para convertir el aborto, no en un “recurso para situaciones límite” sino en un “derecho a elegir de la mujer” Creo sinceramente que, bajo ese disfraz de defensa de la mujer, se esconde la gran perversidad de este debate.
Los tres supuestos se definen siempre para situaciones límite y a la práctica se han convertido en barra libre. Lo primero que hay que decidir es qué es vida y qué no, porque matar JAMÁS SERÁ UNA ELECCIÓN. Luego volveré a la cuestión.
Mi aceptación “política” de los tres supuestos no significa que los comparta moralmente, porque todos ellos relativizan el derecho a la vida. Nadie es quién para decidir, por muy científico de prestigio que sea, qué es vida y qué no. Eso para empezar, aunque ya sé que es un debate muy complejo.
De los tres supuestos hay dos que nos invitan a reflexionar: en el caso de violación, merece la pena pararnos a pensar qué tipo de sociedad estamos construyendo que da oportunidades de reinserción a los violadores (y hasta los saca cantando en un programa de la tele) y en cambio le niega el derecho a la vida a la criatura fruto de la violación.
En el caso del peligro para la madre, ese es el camino que los más abyectos defensores del aborto utilizan para convertirlo en un derecho a elegir, ampliando el concepto de peligro para la madre al simple “ahora es que no me conviene tenerlo” o “es que me viene mal” y “como el cuerpo es mío hago lo que quiero con el bebé”.
Primera conclusión: necesitamos redefinir más estrictamente los tres supuestos del aborto y garantizar que se cumplan al precio que sea.
Uno de los argumentos que me da más rabia es el que pretende ampliar el aborto al estudio de las condiciones económicas de la familia. Afortunadamente para mi padre, para mis hermanos y para mi mismo, mi abuelo paterno y sus 21 hermanos, viviendo en condiciones míseras en las montañas asturianas, jamás tuvieron que sufrir a ningún mentecato intentando convencer a su madre para que abortara por los pobres que eran.
Volvemos al famoso derecho a elegir. Es un falso debate: lo que hay que decidir es si es vida o no, que lo es. Y una vez tenemos claro que es vida, la pobreza jamás podrá justificar un crimen. Negarle a alguien el derecho a vivir porque su familia es pobre es negarle todo. Es que es asqueroso, sencillamente. ¿Qué renta hay que tener para vivir? ¿Es que también van a tipificar eso? ¿Vendrá otro experto de esos a decirnos que para ser vida tienen que ser 12 semanas y 1000 euros?
Nuestra enferma sociedad está mirando para otro lado ante una realidad que hace mucho tiempo que se produce. Bajo la tranquilidad moral que suponen los tres supuestos para las conciencias ciudadanas, las autoridades llevan años permitiendo el asesinato masivo de bebés en muchas clínicas y se abstienen de intentar ofrecer a las embarazadas alternativas al aborto y encima convencen a las mujeres de que eso es “su derecho a elegir” condenándolas a consecuencias físicas y psicológicas que pueden llegar a ser terribles.
En Cataluña esto es especialmente grave. Lo sucedido estos últimos días es sólo la punta del iceberg de lo que está pasando. En Cataluña se incrementaron los abortos de 2005 a 2006 en un 19%, cuando la media española fue del 10, y Barcelona se ha convertido en una de las capitales mundiales del aborto ilegal. Pero ya sabemos hoy que a Joan Saura o Marina Geli “no les convenía políticamente perseguir el tema”
Pues bien, para que todos sepamos de qué estamos hablando, convenga o no políticamente hacerlo, he decidido enlazar (tras dudar bastantes días) unas imágenes de los métodos utilizados en todas estas clínicas abortistas (inyección salina y succión). Son imágenes terribles, lo sé, pero quizá sirvan para que empecemos a tomar conciencia de que nuestra sociedad, que tanto cacarea lo de la paz y la democracia, y hasta se hace la indignada con el cambio climático, no puede seguir permitiéndose esta aberración ni un minuto más. Algo deberíamos haber avanzado desde Herodes.