Son innumerables las ocasiones en las que, desde cierto desconocimiento de la realidad catalana, algunos amigos en otros lugares de España, pero también aquí, se preguntan cómo es posible que los inmigrantes del “Cinturón Rojo” voten masivamente al PSC (hasta un 70 %) cuando los de Montilla están a favor, y siempre ponen este ejemplo o similar, de que un chaval de Burgos no pueda acceder a la Administración Pública en Cataluña por no tener el nivel C de catalán.
Para entender ese fenómeno hay que intentar enfocarlo correctamente. Yo no sé si lo hago, pero lo intento y mis conclusiones son las siguientes: la mayoría de personas en Cataluña están de acuerdo con ese tipo de medidas, o no les importan, porque no abordan la cuestión desde el punto de vista identitario, sino de su propio interés, aunque no hayan hablado el catalán jamás tras 40 años viviendo en Hospitalet.
Me explico: el nivel C de catalán como requisito para entrar en la Administración, NO ES UNA MEDIDA DE FOMENTO DEL CATALÁN, SINO QUE, POR ENCIMA DE TODO, ES UNA POLÍTICA PROTECCIONISTA.
Cataluña siempre ha sido muy proteccionista. En el pasado, las élites burguesas catalanas pactaban con los gobiernos de Madrid apoyo a cambio de proteccionismo para sus productos. Ahora la cosa es diferente. Los inmigrantes del cinturón rojo han trabajado mucho, han pagado la Universidad a sus hijos y ahora estos sólo contemplan como posible futuro ser funcionarios (el 83% según encuestas recientes)
El nivel C de catalán no es pues un obstáculo, sino un salvoconducto que ejerce de barrera de entrada a otros posibles competidores para las plazas públicas.
Miles de jóvenes de mi generación se examinan, no quedan seleccionados a la primera, pero entran en una bolsa de trabajo y esperan unos años hasta que por fin se cuelan en la Administración y solucionan su futuro; el nivel C les ha facilitado las cosas.
A mi eso me lo explicó una mujer que no ha hablado catalán en su vida, pero que defendía la exigencia del nivel C: estaba convencida de que eso daría más oportunidades a su hija en el futuro. La intenté convencer de que la mentalidad buena no es cerrar puertas sino abrirlas, me respondió que sí, que tenía razón, pero que le daba miedo el futuro.
Si en el pasado la burguesía catalana pactaba con el poder político madrileño, hoy, como Cataluña ha girado a la izquierda de manera vertiginosa, son las bases sociales del PSC las que pactan una Cataluña funcionarial y proteccionista, en la que todo depende de la Administración. Y eso han votado en los últimos años de forma masiva. Nuestro deber es intentar cambiar eso, pero sin juzgarles: tenemos que ponernos en la mente de la gente, hablen o no el catalán, sin apriorismos ideológicos. Sólo así podremos entender algunas cosas y por ende, trabajar por una Cataluña más emprendedora, más abierta y más rica. Y en la que no se multe a un comercio por rotular en castellano (o por no rotular en catalán, me dirá alguno, aunque es igual, sigue siendo una barbaridad liberticida)