De un tiempo a esta parte se ha instalado en España, con imparable fuerza, una corriente de pensamiento liberal-conservador con toques nihilistas. Es un nihilismo especial, nada que ver con el nihilismo que denuncia Glucksman: de hecho lo combate con encomiable energÃa desde la crÃtica al islamismo radical y al multiculturalismo.
Este nihilismo “a la española” es ilustrado, con gran sentido del humor y tremendamente sugerente, hasta el punto de que ha ido logrando cada vez más adeptos.
Digo que es nihilista porque hay en estos intelectuales (prefiero no dar nombres concretos) un pesimismo cada vez mayor sobre el futuro de España e incluso de la civilización occidental. Y creen que la clase polÃtica de la derecha española no sirve para solucionar el tema ni servirá nunca; de ahà lo de “nihilismo”.
Las actitudes que comportan elementos nihilistas son, entre otras, las siguientes:
1. Todos los polÃticos son unos inútiles y sólo merecen respeto “los que tienen pelotas” y perdonen la expresión. Esto significa que el mal sólo puede resolverse con “terapias de choque” y golpes de efecto.
2. Especial desprecio merecen todos los polÃticos que gobiernan, porque gobernar significa contemporizar y ceder en algunas cosas. Gobernar además, es para ellos poco estético, porque este tipo de liberal ha estado siempre contra el poder polÃtico y en eso cabe reconocerles toda la coherencia del mundo, como cuando recuerdan que algunos popes de la comunicación han estado, bien al contrario, siempre con el poder, con Franco y después de su muerte.
Inaugurar cosas, reunirse para dialogar, hacerse unas fotos sonriendo…todo ello es esencialmente hortera para el liberal nihilista. Y debo reconocer que ahà es dónde más conecto con ellos, porque es verdad que la escenificación del poder en los mass media da un poco de grima.
3. Una vez perdida la esperanza de arreglar las cosas, el liberal nihilista defiende, por encima de cualquier otra medida “tocar las narices” a los “enemigos de la libertad”
Como ya no ven solución posible y el mal ya está hecho, se conforman con pasar un buen rato con las prácticas de “boadellización” de la polÃtica, es decir, cualquier acto propagandÃstico que dé rabia y saque de sus casillas a los progre-nacionalistas. Yo reconozco que me rÃo mucho con ese tipo de chascarrillos, pero la polÃtica es otra cosa.
4. A los únicos polÃticos a los que idealizan “a pesar de” haber gobernado, es a aquellos que lo hicieron hace décadas, como Reagan, al que yo también adoro, como sabéis. Pero disculpan en ellos cosas que a sus contemporáneos jamás perdonarÃan. Sin ir más lejos, Reagan también tuvo alguna flaqueza y no hace mucho se publicaron sus cartas a Gorbachov: hay una de ellas tan cursi y sensiblera que parece escrita por Moratinos tras ver la muerte de Chanquete por la tele. Ronald sigue siendo un mito, pero a un polÃtico actual lo destrozarÃan hoy por algo asÃ.
Y esto último me lleva a las conclusiones finales:
A. Los polÃticos y los intelectuales son igualmente necesarios en la difusión de un ideario (en este caso el liberal-conservador) pero cada uno en su papel: el polÃtico debe respetar y nutrirse de las ideas de los intelectuales para transformarlas en mensaje polÃtico, además de aceptar la crÃtica cuando toque y el intelectual, por su parte, debe entender que un polÃtico tiene otras funciones y otros registros.
B. Los intelectuales no pueden aspirar a que el polÃtico se transforme en uno de ellos y utilice el mismo lenguaje, por mucho que éste sea más sugerente y divertido que el lenguaje polÃtico de masas.
C. Yo, como polÃtico, sà creo que se pueden solucionar las cosas desde la acción polÃtico (o como mÃnimo mejorarlas) No tengo nada de nihilista. Reagan mejoró su paÃs y tampoco siguió al pie de la letra las recetas de Robert Nozick, por poner un ejemplo. Su mensaje era sencillo y no buscaba “terapias de choque” con vocación de minorÃa resistente, sino que con su maravilloso discurso pretendió (y consiguió) convocar a una inmensa mayorÃa de los habitantes de su paÃs.
Y recibió crÃticas de algunos intelectuales anarco-capitalistas, pero siguió adelante y de la sana combinación del papel de cada uno se inició una de las etapas más prósperas de la historia de los USA.