ZP, Orwell y el lenguaje

publicada el 17 de març

El pasado 30 de diciembre, en los instantes previos a comparecencia del Presidente Zapatero tras el trágico atentado de la banda terrorista ETA, los presentadores de televisión elucubraban sobre si Moncloa permitiría o no preguntas al Presidente después de su comunicado. Poco importaba en realidad, puesto que a las seis preguntas de los periodistas Zapatero respondió exactamente del mismo modo.
Cabe reconocerle al Presidente cierta dureza mental, porque dio la impresión de que si las preguntas hubieran sido mil en lugar de seis, mil veces hubiera contestado lo mismo: un verdadero muro.
A los políticos se nos suele acusar, con razón, de hablar una jerga propia, en ocasiones incomprensible y totalmente distinta de la manera de hablar de la gente de la calle. En el caso de ZP, la obsesión por el lenguaje político comienza a alejarle preocupantemente de la realidad. Eso se debe fundamentalmente a que el Presidente es un claro defensor del relativismo político, según el cual la realidad no existe, sino que es una construcción mental que se modifica a través del lenguaje. Voluntarismo político es otra forma de definirlo, o wishful thinking, como dicen los anglosajones, es decir, pensamiento del deseo.
Eso le lleva a no valorar la realidad tal y cómo es: es la realidad la que debe cambiar después de su valoración optimista de las cosas.
Es este elemento el que nos conduce directamente al Orwell de “1984” y los recursos dialécticos para modificar la percepción de la realidad a través de la ambigüedad del “doblepensar” en términos orwellianos. Esto sucede cuando ZP señala que “la paz no debe tener precio político, pero la política debe ayudarnos a lograr la paz” Lo importante no es el contenido, sino la forma inconcreta de expresar dos ideas aparentemente contrapuestas: nadie sabe muy bien qué quiere decir con ello.
Otras veces el recurso es la perogrullada:”el atentado es incompatible con la tregua” Hombre, sólo faltaría. Y finalmente, el recurso más manido es el de la total transformación de la realidad a través de fórmulas eufemísticas, como llamar “accidentes mortales” a los atentados de ETA. Sin comentarios.
Es este recurso el más preocupante porque conecta directamente con el eufemismo críptico que acostumbra a utilizar Batasuna cuando se refiere a “las condiciones objetivas del proceso”, el “ámbito vasco de decisión”, o la “solución democrática para Euskal Herria”, cuando en realidad lo que están diciendo es lo de siempre: o hacéis lo que decimos o volveremos a matar.
No se trata de reprochar nada a nadie en estos momentos tan duros. Rectificar es de sabios y Zapatero puede hacerlo: volver al consenso entre demócratas y como le ha pedido Mariano Rajoy, abandonar la ambigüedad en la que se ha instalado.

Alejandro Fernández Alvarez
Vicesecretario del PPC de Tarragona

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